Evolucionar sin destruir: La urgencia de reconciliar el progreso humano con los límites de la Tierra

Una impactante composición hiperrealista dividida por una diagonal fluida e integrada.

De la explotación desmedida a la innovación responsable: El desafío de transformar nuestras ciudades y economía antes de agotar los límites del único hogar que tenemos.

 

 

Por Ester Rodríguez

HoyLunes – Mientras me sirvo de buena mañana, antes de arrancar mi jornada laboral, un café en mi taza con frase positiva, veo en las noticias que el fenómeno conocido como “El Niño” se está volviendo a formar, como ocurre de forma natural y cíclica cada 2 a 7 años. En esta ocasión se espera que se intensifique y sea mucho más fuerte de lo habitual por el calentamiento extremo y anómalo de las aguas superficiales en el centro y este del océano Pacífico. Advierten que es muy posible que la intensidad de El Niño se haya amplificado debido al calentamiento global, quizá por la quema de combustibles fósiles y que las consecuencias de este fenómeno pueden ser importantes.

¿De verdad hemos llegado al extremo de estar siendo los culpables de alterar e intensificar los ciclos naturales de la Tierra y no estamos tomando ninguna medida drástica? ¿De verdad pensamos que proteger nuestro modelo de vida actual va a compensar perder nuestro hogar, el planeta Tierra?

Una toma cenital o plano medio de una metrópolis moderna totalmente integrada con un ecosistema vivo.
Reconexión urbana: emplear nuestro conocimiento y tecnología para convertir las ciudades en refugios sostenibles e interconectados.

El ser humano nació hace 300.000 años aprox. y desde entonces se adaptó a la madre naturaleza hasta que llegó la Revolución Industrial (S. XVIII), que es probablemente cuando en nuestra historia se produce el cambio más brusco, pasando la naturaleza de ser un ente del que formamos parte a un recurso que se explota.

Nuestro planeta siempre ha sido un paraíso, un mundo con diversos climas y una gran biodiversidad. El planeta nos daba todo lo necesario para poder vivir en paz y en abundancia.

¿Por qué no elegimos prosperar cuidando nuestra relación con él?

En algún momento de la evolución nuestro ego creció hasta tal punto que lo único que nos interesaba era crear más bienestar y riqueza para el ser humano. Se nos fue de las manos, empezamos a explotar el planeta sin control. Creímos que los recursos estaban a nuestro alcance sin límites y que, por lo tanto, éramos dueños y señores de hacer lo que quisiéramos.

Creamos ciudades cada vez más separadas de la naturaleza donde predomina el cemento, y la frialdad.

Los ciudadanos, con el paso de las décadas, empezamos a tener menos contacto con otros animales, a desconectarnos más de la naturaleza y de no saber cómo relacionarnos con ella. Muchos la usamos principalmente como lugar de ocio, paseos o simplemente un destino para las vacaciones.

Empezaron a verse humanos en grupo cazando animales para traficar con ellos como “animales exóticos” o matándolos indiscriminadamente por diversión o con el fin de conseguir pieles o cuernos, para posteriormente lucrarse vendiéndolos como artículos de lujo a gente con poder adquisitivo muy alto. Perdimos el respeto a nuestro entorno.

Creamos centrales energéticas para suministrar electricidad a las ciudades, y una agricultura y ganadería masiva para alimentarla, liberando gases contaminantes a la atmósfera.

La industria de la moda y los bienes de consumo empezaron a inundar los océanos y mares de sustancias químicas y microplásticos.

Por otro lado los bosques se talaron, se quemaron, y empezamos a quedarnos sin pulmones naturales.

Es obvio que no podemos seguir así, ¿qué vamos a hacer al respecto?

Para los que tienen la esperanza de poder abandonar el planeta, como el que abandonan un juguete viejo y roto, para viajar a otro planeta del universo. Siento decirles que al ritmo que vamos es probable que no lleguemos a tiempo de mudarnos. Nuestro planeta está vivo pero está llegando a su límite de tolerancia.

Si somos capaces de viajar a otros planetas y mandar satélites al espacio sideral, podemos usar esa inversión para algo más útil y salvarnos.

Si somos capaces de viajar a otros planetas y mandar satélites al espacio sideral, podemos usar esa inversión para algo más útil y salvarnos.

Construir ciudades que funcionen a partir de energías renovables y aplicar soluciones para nuestras ciudades basadas en la recuperación del entorno, que sean también un refugio para animales, rodeados de árboles que bajen la temperatura ambiente. Crear trabajos sostenibles y locales pero a la vez conectados con otras ciudades, países y continentes mediante transportes y medios de comunicación que no contaminen.

Ahora la humanidad tiene un nivel de conocimientos lo suficientemente alto como para poder investigar y aplicar soluciones para encontrar un equilibrio con nuestro entorno sin perder nuestro nivel de vida y bienestar.

No es una utopía, ese es el discurso de quienes no les interesa que las cosas sean de otra manera. Es el momento de que la sociedad despierte y de que trabajemos juntos para devolver a las futuras generaciones un planeta sano, un hogar para vivir mejor.

Ester Rodríguez
Ester Rodríguez. Escritora @traslaestela

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